BENEFICIOS DE LOS CONTRATOS EN FORMACIÓN Y PRÁCTICAS

Si está pensando en realizar un contrato en algún departamento de su empresa baraje la opción de realizar un contrato en prácticas o en formación. ¿Qué diferencias hay en un contrato en prácticas y un contrato en formación?

Pues bien; un contrato en formación, el empleado compagina su actividad de formación con un puesto de trabajo que le permita la práctica profesional adecuada al nivel de estudios o formación cursada. Por otro lado, el contrato en prácticas, se realiza una vez acabado los estudios, dentro de los cinco años siguientes (en el caso de jóvenes menores de 30 años podrán efectuarse contratos en prácticas aunque hayan transcurridos  cinco o más desde la terminación de los correspondientes estudios), o de siete años cuando el contrato se concierte con un trabajador discapacitado, siguientes a la terminación de los correspondientes estudios.

Utilizando alguna de estas modalidades de contratación podrá beneficiarse:

  • Las empresas que celebren contratos para la formación y el aprendizaje con trabajadores desempleados inscritos en la oficina de empleo, tendrán derecho, a una reducción de las cuotas empresariales a la Seguridad Social por contingencias comunes, así como las correspondientes a accidentes de trabajo y enfermedades profesionales, desempleo, fondo de garantía salarial y formación profesional, del 100% si el contrato lo realiza una empresa cuya plantilla sea inferior a 250 personas, o del 75%  si su plantilla es superior a esa cifra.
  • Si al finalizar el contrato para la formación y el aprendizaje se transforman en contratos indefinidos tendrán derecho a una reducción en la cuota empresarial a la Seguridad Social de 1.500 euros/año, durante tres años y en el caso de mujeres, será de 1.800 euros/año.
  • Salarios reducidos. Si el convenio no dice lo contrario, el primer año pagar un 60% del sueldo fijado en convenio y un 75% el segundo.
  • La duración máxima del contrato es superior a la de otros contratos, hasta dos años, permitiendo hasta dos prórrogas, sin superar la duración total  de dos años, mientras que en el resto de contratos temporales sólo se permite una.